Sobre este manual y su fuente
Este documento es una reescritura, en la voz y el criterio editorial de Somos Barro RD, del Manual de construcción para viviendas antisísmicas de tierra de Gernot Minke — arquitecto alemán, catedrático de la Universidad de Kassel y uno de los investigadores más citados del mundo en construcción con tierra.
Lo que sí hicimos nosotros: reorganizar el manual en la estructura y el diseño de nuestra propia serie de manuales técnicos, traducir su lenguaje de laboratorio alemán al lenguaje con el que trabajamos en Samaná, y — en cada capítulo — agregar una lectura sobre qué significa esto para quien construye con tierra en la costa norte de República Dominicana, con nuestras fallas sísmicas, nuestros huracanes y nuestra humedad, que no son las de los Andes ni las de Kassel.
Por qué este manual y no solo enlazar el original
Porque un PDF académico alemán, aunque esté traducido al español, no es lo que un autoconstructor, un maestro de obra o un arquitecto en Samaná abre en su teléfono en medio de una obra. Este manual mantiene los 16 capítulos originales completos —nada se resume ni se recorta— pero los presenta en el mismo formato que el resto de nuestra serie, con las mismas referencias cruzadas a nuestros otros manuales, y con una capa adicional pensada para quien construye acá: qué de esto aplica directo a Samaná, qué hay que adaptar y qué requiere revisión de un ingeniero antes de construirlo.
Generalidades sobre los sismos
Localización, magnitud, intensidad — y qué de todo eso decide realmente cuánto daño hace un sismo en una vivienda de tierra.
Los sismos ocurren por el movimiento de las capas tectónicas o por actividad volcánica. Las zonas de mayor actividad en el mundo se concentran en el anillo del Pacífico —desde Canadá hasta Chile, con influencia en Nueva Zelanda, Japón y Nueva Guinea— y en una segunda franja a lo largo del anillo ecuatorial. En Asia se han registrado sismos de intensidad 8 en la escala de Richter, y en los Andes por encima de 8.7; cerca de cien sismos de magnitud mayor a 6 y veinte de magnitud mayor a 7 se registran cada año en el mundo.
La magnitud —medida casi siempre en la escala de Richter, logarítmica y sin límite superior— describe la energía liberada en el epicentro. Pero la magnitud es solo uno de varios factores que determinan el daño real en un lugar: la profundidad del foco y la distancia al sitio, la geología y topografía locales, el tipo de suelo y subsuelo, y la duración y frecuencia del movimiento en ese punto. Dos viviendas a la misma distancia de un mismo sismo pueden sufrir daños completamente distintos según estos factores.
Las edificaciones se ven afectadas sobre todo por los impactos horizontales del movimiento del suelo; los impactos verticales generan daños menores al 50% de los horizontales. El peligro central en una vivienda es que los muros tienden a colapsar hacia afuera, dejando caer la cubierta y los entrepisos hacia el interior. Por eso una solución antisísmica para construcciones de hasta dos niveles busca, ante todo, que los muros no se abran hacia afuera y que las cubiertas queden bien arriostradas al muro.
Dónde emplazar la vivienda
Antes de cualquier decisión sobre el muro, el sitio donde se para la vivienda ya definió buena parte de su seguridad sísmica.
En áreas propensas a movimientos sísmicos, el emplazamiento en el terreno es tan importante como el diseño del muro. Minke establece cinco reglas:
- No emplazar la vivienda en el corte de una pendiente: los impactos horizontales de la tierra durante el sismo pueden provocar el colapso del muro adyacente al corte.
- No emplazar la vivienda directamente sobre una pendiente, para evitar el deslizamiento del terreno bajo la edificación.
- No emplazar la vivienda cerca de pendientes pronunciadas, para evitar daños por deslizamiento del terreno circundante.
- Si es inevitable construir en un terreno con pendiente, crear una plataforma con distancia suficiente hacia los bordes de la pendiente (Minke recomienda no menos de 3 m de distancia al corte).
- Evitar desniveles dentro de la misma vivienda; si son necesarios, separarlos al menos 1 m creando espacios estructuralmente autónomos.
Minke agrega un criterio de peso: las viviendas masivas y pesadas conviene emplazarlas en terrenos suaves y arenosos, que absorben parte del impacto; las viviendas livianas y flexibles —como el bahareque— toleran mejor un terreno rocoso.
Forma de la planta
La geometría de la planta, antes que cualquier refuerzo, ya decide cuánta estabilidad tiene la vivienda.
Cuanto más compacta la planta, más estable es la vivienda: una planta cuadrada es mejor que una rectangular, y una planta circular es la forma óptima. Las plantas con ángulos entrantes no son recomendables; si son necesarias, la unión entre los espacios debe resolverse de forma flexible y liviana, no rígida.
Minke lo comprobó con un ensayo propio en la Universidad de Kassel: un péndulo de 5,5 m con un peso de 40 kg se dejó oscilar para golpear modelos de vivienda a escala, comparando una planta cuadrada con una circular. El modelo cuadrado mostró grietas en las esquinas después de dos golpes, quedó parcialmente dañado después de tres, y dos de sus muros colapsaron después de cuatro. El modelo circular resistió sin grietas hasta el tercer golpe, perdió parte de un muro recién en el sexto, y todavía no había colapsado después de siete golpes (Yazdani, 1985).
Un camino alternativo cuando el programa arquitectónico pide ángulos: reforzar las esquinas con contrafuertes convexos. Syed Sibtain construyó viviendas antisísmicas en Afganistán con este método, con una estabilidad comparable a la de una planta circular (Sibtain, 1982).
Daños típicos y errores de diseño
Diez errores concretos que se repiten en viviendas de tierra dañadas por sismo — y que se pueden auditar en cualquier casa antes de que tiemble.
Ensayos con modelos a escala 1:5 sometidos a movimiento sísmico simulado (Tolles et al., 2000) muestran un patrón consistente: en los vanos de ventana aparecen grietas diagonales desde las esquinas inferiores hacia abajo; si el muro entre una ventana y una puerta es angosto, se debilita y tiende a derrumbarse primero; si los dinteles no penetran lo suficiente en la mampostería a los lados del vano, colapsan; y si no hay un encadenado (collarín) con traba sobre los dinteles, aparecen grietas horizontales que pueden partir el muro en dos.
Minke documenta también el caso de una vivienda diseñada intencionalmente como antisísmica, con esquinas reforzadas por contrafuertes, que igual resultó inestable en el ensayo de simulación por carecer de encadenado — a pesar de tener una cubierta muy liviana y estructuralmente aislada (Sibtain, 1982). La lección es directa: un refuerzo parcial bien pensado no compensa la ausencia de un encadenado continuo.
El listado completo de errores que Minke identifica en una vivienda rectangular típica de adobe:
- Ausencia de un refuerzo horizontal (encadenado, collarín o viga cadena).
- Los dinteles no penetran suficientemente en la mampostería.
- El ancho de muro entre los vanos de ventana y puerta es demasiado angosto.
- El ancho entre los vanos y las esquinas es demasiado angosto.
- Ausencia de un sobrecimiento (zócalo).
- El vano de la ventana es demasiado ancho.
- El muro es muy largo y delgado, sin elementos de estabilización.
- La calidad de la mezcla del mortero es pobre (baja capacidad aglutinante), con uniones verticales incompletas y uniones horizontales demasiado gruesas (más de 1,5 cm).
- La cubierta es demasiado pesada.
- La cubierta tiene un arriostramiento débil con el muro.
Aspectos estructurales: resistencia y ductilidad
Toda vivienda antisísmica resuelve la misma ecuación con dos variables — y elegir mal cuál de las dos privilegiar es el error de fondo detrás de la mayoría de los colapsos.
Minke plantea tres caminos posibles para una vivienda antisísmica: que los muros y la cubierta sean tan rígidos que no sufran deformación durante el sismo; que los muros toleren deformaciones menores, absorbiendo energía cinética mediante el cambio de forma, con la cubierta bien arriostrada al muro mediante un encadenado; o que los muros trabajen como en el segundo caso pero la cubierta se diseñe como un elemento estructural aislado, sobre columnas exentas del muro, de modo que ambos sistemas puedan moverse de forma independiente durante el sismo.
El primer camino exige una estructura de hormigón armado con columnas en esquinas y bordes de vano, conectada al encadenado superior y al cimiento — o, como variante, tensores cruzados entre esquinas, con el riesgo de que un impacto muy grande concentre la fuerza en un punto y rompa el tensor, provocando el colapso.
Los caminos segundo y tercero, con muros dúctiles (flexibles), pueden construirse sin hormigón armado y sin tensores, lo que los hace mucho más económicos. El bahareque (también llamado bajareque o quincha, wattle and daub en inglés) es el ejemplo central de esta ductilidad: Minke documenta una vivienda de bahareque en Guatemala que, tras un sismo, sufrió deformaciones visibles sin colapsar, y solo fue necesario apuntalar uno de sus muros (Minke, 2001).
La relación fundamental
Minke la resume como una relación aproximada:
«calidad» del comportamiento = resistencia × ductilidad
Cuanto menor la resistencia disponible, mayor la ductilidad necesaria para no colapsar — y viceversa. Ambas soluciones, en sus extremos, tienen probabilidades similares de resistir un sismo de gran intensidad sin colapsar.
Impactos paralelos vs. perpendiculares
Todo impacto horizontal sobre un muro se puede descomponer en dos componentes:
- Paralelo al plano del muro — produce cizalladura y grietas oblicuas; empeora con la altura del muro y el peso de la cubierta.
- Perpendicular al plano del muro — genera un momento que puede volcarlo; se controla con espesor suficiente o con muros intermedios, contrafuertes y encadenado.
Muros antisísmicos de tapial (tierra apisonada)
El sistema monolítico por excelencia: sin juntas de bloque, pero con un punto débil propio — la junta entre tongadas de compactación.
Generalidades
La técnica del tapial consiste en rellenar un encofrado con capas de tierra de 10 a 15 cm, compactando cada una con un pisón. El encofrado tradicional está formado por tablones paralelos unidos por travesaños que atraviesan el muro; al desmoldar quedan espacios vacíos que deben rellenarse después. Para evitar un encofrado de la altura de un piso completo, el FEB de la Universidad de Kassel desarrolló un encofrado trepador, que usa un travesaño de espesor mínimo en la base y se va desplazando hacia arriba a medida que avanza el muro.
Frente al adobe, la ventaja del tapial es que la construcción resulta monolítica —sin las juntas de mortero entre bloques que concentran fisuras— y por lo tanto más estable. La desventaja aparece en la ejecución tradicional: el encofrado se desmonta y se vuelve a montar horizontalmente, capa por capa, de 50 a 80 cm de altura. La capa superior de un muro recién apisonado siempre está más húmeda que la inferior, ya parcialmente seca, y esa diferencia de retracción genera fisuras justo en la junta entre capas — un punto por donde puede filtrarse agua capilar y producirse humedecimiento y desintegración. Apisonar en sentido vertical, con encofrado trepador, evita este problema de fisuras horizontales de retracción.
Estabilización por la masa
Cuando el impacto horizontal del sismo golpea el muro de forma perpendicular, este tiende a colapsar; solo los muros de gran espesor resisten estas cargas sin refuerzo adicional. Existen residencias de tapial de dos plantas en Mendoza, Argentina, de más de 150 años, que resistieron todos los sismos que sufrió la región, mientras construcciones modernas vecinas —de menor espesor, con ladrillo y hormigón— colapsaron. Hoy ya no se construyen muros de 60 a 100 cm de espesor por el tiempo de ejecución que exigen; de ahí la necesidad de las soluciones de estabilización por forma y por refuerzo que siguen.
Estabilización por la forma
Cuando el espesor no alcanza, la estabilidad se logra con geometría: elementos de muro en L, T, U, X, Y o Z que, solo por su forma angular, ganan resistencia al volcamiento sin necesitar un solo refuerzo interno. Minke fija una regla de proporción para el extremo libre de estos elementos —con un muro de 30 cm de espesor, ese extremo debe medir entre 1/3 y 3/4 de su altura— y una regla de esquina: evitar el ángulo recto, dándole a la esquina un espesor mayor (del orden de 60 a 100 cm en las soluciones más reforzadas) para que absorba la concentración de fuerzas que se produce justo ahí. Entre dos elementos angulares, la unión puede ser machihembrada (mejor estabilidad lateral) o simple con anclaje arriba y abajo (más flexible, permite un movimiento independiente que disipa energía sísmica).
Refuerzos internos
Donde ni la masa ni la forma bastan, Minke documenta sistemas de refuerzo interno con dos casos de estudio centrales — en ambos, el refuerzo es vertical, no horizontal: los elementos horizontales dentro del tapial son, según su propia investigación, poco efectivos y hasta peligrosos (ver más abajo).
- Guatemala, 1978. Elementos de tapial en sección T reforzados con 4 varillas de bambú verticales embebidas, ancladas a un zócalo de piedra en la base y a un encadenado de bambú en la parte superior — alternativa de bajo costo al hormigón armado, ensayada en una región de alta actividad sísmica.
- Alhué, Chile, 2001. Vivienda de tapial en muros L y U de 40 cm, con la esquina en ángulo de 45° (no recto) y refuerzo vertical de coligüe (bambú chileno), anclado al cimiento y a un encadenado de rollizos de madera — construida y documentada por el equipo de Minke.
Estabilización por la forma (6.3) y refuerzos internos (6.4) — el detalle técnico completo
Como los muros delgados son débiles frente a impactos horizontales perpendiculares y el refuerzo de hormigón armado es costoso, Minke propone estabilizar el tapial con la forma en planta del propio elemento: muros en L, T, U, X, Y o Z, que solo por su geometría angular ganan resistencia al volcamiento y al colapso. Hay una regla de proporción para el extremo libre de estos elementos: con un muro de 30 cm de espesor, el extremo libre debe medir entre 1/3 y 3/4 de su altura (l ≤ 0,75h, ≥ 0,33h) — esa longitud mínima es la que permite transmitir las fuerzas diagonalmente hasta el cimiento. Cuando el muro está anclado abajo al cimiento y fijado arriba al encadenado, se pueden usar elementos de mayor altura o menor espesor, pero la altura del muro no debe superar 8 veces su espesor.
Las fuerzas perpendiculares al muro se transfieren hacia la sección paralela a ellas y se concentran en la esquina del ángulo, que tiende a abrirse; por eso conviene diseñar la esquina con un espesor mayor que el del resto del elemento, evitando el ángulo recto. Para estabilidad lateral entre dos elementos de muro, Minke recomienda una junta machihembrada; para una estructura más flexible, se pueden usar elementos cortos con juntas sin machihembrar, ancladas arriba y abajo — durante el sismo esta unión puede abrirse sin colapsar, porque cada elemento se mueve de forma independiente, disipando la energía cinética sin que la unidad del muro se rompa.
Sobre refuerzos internos, Minke advierte algo poco intuitivo: los refuerzos horizontales dentro del tapial son poco efectivos y hasta peligrosos, porque no se puede apisonar bien la tierra justo debajo de ellos y debilitan la sección del muro en ese punto, favoreciendo quiebres horizontales durante el sismo. Lo que sí funciona son los elementos verticales de madera o bambú dentro del muro, anclados al sobrecimiento y fijados al encadenado superior.
Guatemala, 1978
Proyecto de investigación del FEB implementado con la Universidad de Francisco Marroquín (UFM) y el Centro de Tecnología Apropiada (CEMAT): elementos de tapial reforzado con bambú, de 80 cm de largo y un piso de altura, construidos con encofrado metálico en T de 80 cm de largo, 40 cm de altura y 14 a 30 cm de espesor. La estabilidad se logró con 4 varillas de bambú de 2 a 3 cm de espesor dentro de la sección en T, fijadas en la base a un encadenado de bambú dentro de un zócalo de mampostería de piedra (hormigón ciclópeo) y en la parte superior a un encadenado de bambú rectangular. Gracias a la nervadura integrada, el elemento resultó con aproximadamente cuatro veces más resistencia a impactos horizontales que un muro liso de 14 cm de espesor. Tras el secado aparecieron grietas verticales de 2 cm entre los elementos, que se rellenaron con barro y quedaron funcionando como juntas de fallo prediseñadas: permiten que la estructura se deforme —disipando la energía sísmica— sin que la unidad del muro se quiebre o colapse. La cubierta se apoyó en columnas ubicadas 50 cm hacia el interior del muro, de manera que su estructura fuera independiente del sistema de muros.
Alhué, Chile, 2001
En 1998 el FEB y científicos de la Universidad de Santiago de Chile diseñaron una vivienda antisísmica de tapial reforzado de 55 m² útiles, construida en 2001. El diseño separa por completo la estructura de la cubierta de la de los muros: la cubierta descansa sobre columnas independientes de los muros macizos de tapial, de modo que ambos elementos se mueven según su propia frecuencia durante el sismo. Los muros de tapial, de 40 cm de espesor, tienen forma de L y de U; el ángulo recto de estos elementos se sustituyó por un ángulo de 45° para rigidizar la esquina. El muro descansa sobre un sobrecimiento de hormigón ciclópeo de 50 cm; el refuerzo vertical lo dan cañas de coligüe (bambú chileno) de 2,5 a 5 cm de espesor, fijadas al encadenado superior y ancladas en el cimiento. El encadenado está formado por dos rollizos de álamo dispuestos en escalera sobre los muros. Ventanas y puertas van de piso a techo, para no dejar segmentos de muro macizo sobre los vanos, y el tímpano de las fachadas este y oeste se ejecutó como un tabique liviano estructuralmente aislado, para evitar el riesgo de caída de material macizo durante el sismo.
Muros de adobe
Bloques secados al sol, la técnica de tierra más extendida del mundo — y la que Minke documenta con más variantes de refuerzo.
Generalidades
Los bloques de barro producidos a mano, rellenando moldes con barro y secados al aire libre, se llaman adobes. Cuando la tierra húmeda se compacta en una prensa manual o mecánica se llaman bloques de suelo; los producidos con un extrusor en una ladrillera, sin cocer, ladrillos crudos; y los bloques más grandes compactados en molde, bloques compactados o adobones. Las medidas más comunes en Latinoamérica son 38×38×8 cm o 40×20×10 cm.
Existen prensas manuales para elaborar bloques de tierra: la más conocida es la CINVA-Ram (Colombia), con variantes como la CETA-Ram, desarrollada en la Universidad Católica de Asunción del Paraguay, que permite elaborar tres unidades a la vez. Mientras que una persona produce a mano unos 300 adobes por día, con este tipo de prensa una sola persona produce aproximadamente 150 unidades — menos en cantidad, pero con medidas constantes y superficies lisas; a cambio, la resistencia a compresión y flexión es menor, por lo que suele ser necesaria una estabilización con cemento de entre 4% y 8%.
Para la ejecución de la mampostería, Minke fija cuatro recomendaciones que no dependen de qué prensa o molde se use: las capas horizontales de mortero no deben superar los 2 cm de espesor; las uniones verticales deben rellenarse completamente con mortero; el mortero debe tener un contenido de arcilla alto, para lograr buena adherencia y resistencia a la flexión; y los adobes deben mojarse antes de su colocación.
Refuerzos internos
El Instituto Nacional de Investigación y Normalización de la Vivienda de Perú (ININVI) desarrolló un sistema con dos tipos de adobe: unos con ranuras de 5 cm de diámetro en los extremos, y otros mitades de adobe con una sola ranura, para lograr la traba. Por estas ranuras atraviesan varillas de caña, reforzando los muros mediante contrafuertes integrados, intermedios y en las esquinas. Si un muro tiene una longitud 12 veces mayor a su espesor, se recomienda un contrafuerte (machón) intermedio; en cada intersección también se requiere un contrafuerte.
Cuando el diseño no prevé contrafuertes en las esquinas, hay que reforzarlas de otra forma, por ejemplo con hormigón armado: una traba cada 50 cm entre varillas de acero verticales y la mampostería de adobe, con varillas horizontales dobladas y enganchadas a la mampostería.
Muros de bloques machihembrados
Una solución para construir sin mortero: bloques de suelo-cemento que encajan entre sí mediante un sistema de machihembrado, producidos con prensa manual y tierra estabilizada con cemento. Resisten impactos sísmicos si reciben suficiente carga de la cubierta, si están reforzados con elementos verticales (caña o hierro) en cada intersección y en los espacios intermedios, y si esos elementos están arriostrados con el encadenado. La estructura resulta flexible: el perfil machihembrado tiene una tolerancia mínima que permite a los bloques moverse levemente en sentido horizontal, absorbiendo energía cinética del sismo.
El sistema fue desarrollado en el Asian Institute of Technology, Bangkok, y aplicado en la primera vivienda piloto en Tailandia (1984), rellenando los orificios con lechada de cemento y arena en proporción 1:3. Existe una variante desarrollada en la Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela, con refuerzos horizontales («rafas») de hormigón armado de 6 cm de espesor a 1,20 m de altura, ancladas con cañas a los machones verticales.
Muros con refuerzo horizontal y vertical de hormigón armado
El método más común para mejorar el comportamiento sísmico de una mampostería de adobe es rodearla con columnas verticales y encadenados horizontales de hormigón armado: primero se ejecuta la mampostería y después los refuerzos (mínimo 4 varillas de 14 mm y estribos de 6 mm cada 10 cm en los extremos), cuidando la traba entre las columnas de hormigón y la mampostería. Minke es directo sobre esta solución: es costosa, muy rígida, y no tiene la ventaja de la ductilidad que sí ofrecen el bahareque o el tapial con juntas de fallo prediseñadas.
Muros de bahareque (quincha)
El sistema más dúctil de todos — y, mal ejecutado, el que más rápido esconde un problema de salud detrás de una grieta cosmética.
La técnica del bahareque —llamada quincha en varios países de Latinoamérica, wattle and daub en inglés— consiste en elementos verticales y horizontales que forman una malla doble, dejando un espacio interior que después se rellena con barro; existen también sistemas de una sola malla. Los elementos verticales suelen ser troncos de árboles; los horizontales, caña de bambú, caña brava o ramas. Es un sistema dúctil (flexible), lo que lo hace resistente a los impactos de los sismos.
La Centro de Pesquisas e Desenvolvimiento (CEPED), en Camari, Brasil, desarrolló un sistema con elementos de bahareque prefabricados que se ensamblan en obra y luego se rellenan con bolas de barro. Las arquitectas Kuhn, Poblete y Trebilcock propusieron una variante que usa el relleno de bahareque entre elementos de tapial que funcionan como columnas — combinando la ductilidad de uno con la masa del otro en el mismo muro.
Muros de elementos textiles rellenos con tierra
El antecedente directo del superadobe actual — desarrollado en Kassel casi dos décadas antes de que la técnica se popularizara.
Desde 1977, el Forschungslabor für Experimentelles Bauen (FEB) de la Universidad de Kassel investiga distintas posibilidades de construir muros con elementos textiles rellenos de tierra arcillosa, pómez o arena. En 1978 se construyó en la propia Universidad de Kassel el prototipo de una vivienda con muros antisísmicos hechos con mangueras textiles de yute rellenas de tierra y pómez: las mangueras se rellenaron con un embudo y se colocaron en hiladas en forma de U, fijándose verticalmente con cañas de bambú delgadas. El yute se cubrió con varias capas de pintura de cal, para prevenir la putrefacción del material, estabilizar la superficie e impermeabilizarla. La estructura de la cubierta, igual que en los prototipos de tapial reforzado, descansa sobre columnas exentas ubicadas hacia el interior del espacio, independientes del muro.
Como parte de un proyecto de cooperación entre el FEB, la Universidad Francisco Marroquín (UFM) y el Centro Mesoamericano sobre Tecnología Apropiada (CEMAT), ambos de Guatemala, se construyó en 1978 una vivienda prototipo de 55 m² usando mangueras rellenas para los muros — el mismo año y el mismo equipo detrás del prototipo de tapial reforzado con bambú del capítulo anterior.
Uniones críticas de los elementos estructurales
Un muro perfecto no sirve de nada si falla la unión con lo que tiene arriba o abajo — este es, en la práctica, el capítulo más «de obra» de todo el manual.
Uniones entre cimientos, sobrecimientos y muros
Minke divide el cimiento en dos secciones inseparables: la sección de carga (h₁), que recibe las cargas de la construcción y las distribuye en un área mayor —dimensionada según la relación h/v = 2—, y la sección de soporte (h₂), que transmite esas cargas al suelo y no debe medir menos de 0,20 m. La altura mínima total del cimiento es de 0,40 m, y debe ser mayor si el suelo tiene baja resistencia o riesgo de congelamiento profundo. El espesor del cimiento suele ser 20 cm mayor que el del sobrecimiento; en un muro de tapial de 50 cm, cimiento y sobrecimiento pueden compartir el mismo espesor que el muro.
Los sobrecimientos suelen ejecutarse con ladrillo o piedra, pero deberían hacerse preferentemente con hormigón ciclópeo o armado, con una altura no menor a 0,30 m. Las uniones entre cimiento y sobrecimiento, y entre sobrecimiento y muro, deben tener buena traba para resistir los impactos horizontales del sismo sin quebrarse: las superficies no deben quedar lisas, sino con elementos de traba —piedras, cañas o madera— cada 30 a 50 cm. Si hace falta una barrera contra la humedad ascendente (cartón asfáltico o plástico) sobre el sobrecimiento, esa barrera debilita la unión, por lo que los elementos de traba verticales pasan a ser aún más importantes. En muros de adobe, el mortero de unión entre el sobrecimiento y la primera hilada debe tener la misma calidad aglutinante que el resto de las juntas.
Encadenados de muros
Los muros deben coronarse con encadenados (viga cadena, collarín), que transmiten las fuerzas de flexión generadas por los impactos perpendiculares al muro y que además pueden actuar como soporte de la estructura de cubierta — es esencial un buen arriostramiento entre el encadenado y el muro de tierra. En muros de tapial, durante el apisonado se pueden dejar piezas de madera sostenidas por alambres de púas que después se fijan al encadenado; una mejor solución es usar elementos de madera o bambú dentro del muro, anclados al sobrecimiento y fijados al encadenado superior. En muros de adobe es más difícil lograr un arriostramiento suficiente entre el encadenado y la mampostería; cuando el encadenado es de hormigón armado, conviene dejar libres las juntas verticales de la última hilada de adobes para rellenarlas con la mezcla de hormigón y obtener así una buena traba. Cuando se usan elementos de madera, deben quedar cubiertos con mortero de cemento de al menos 2 cm de espesor. Como bajo la acción sísmica se generan momentos en las esquinas de los encadenados, estas deben resolverse rígidas — Minke documenta varias soluciones de esquina, tanto para encadenados de madera sobre adobe como para encadenados de hormigón armado sobre adobe y sobre tapial.
Encadenados que actúan como vigas soleras
Cuando el encadenado también funciona como solera de la cubierta, debe descansar sobre el eje del muro. Si la solera es angosta, conviene ejecutar la última hilada del muro con ladrillo cocido, para distribuir uniformemente la carga en la sección del muro; si la solera descansa directamente sobre adobes, existe el riesgo de que, durante el sismo, la última hilada se quiebre por su poca resistencia a la flexión. Es necesario que los tijerales de la cubierta repartan su carga uniformemente sobre el encadenado, para lo cual se ejecutan cuñas de madera o de hormigón entre ambos elementos; el arriostramiento entre el encadenado y el tijeral debe ser rígido.
Tímpanos
El triángulo de muro bajo un techo a dos aguas: geométricamente simple, estructuralmente uno de los puntos más frágiles de toda la vivienda.
Si los tímpanos se construyen como prolongación directa del muro, tienden a colapsar durante un sismo por los impactos horizontales perpendiculares a su propio eje —son, en los hechos, un muro alto y sin arriostramiento lateral suficiente en su parte más angosta—. La solución óptima es evitarlos directamente, con una cubierta a cuatro aguas. Cuando son necesarios, Minke recomienda construirlos como tabiques livianos, aislados del sistema de muros y fijados a la estructura de la cubierta, en vez de como mampostería continua. Si un tímpano debe ejecutarse en adobe o tapial de todas formas, tiene que estabilizarse con contrafuertes o con una estructura de hormigón armado — pero esta última solución es costosa y, por eso, no la recomienda.
Cubiertas
Livianas, bien ancladas, y —siempre que se pueda— independientes del muro: las tres condiciones que Minke prioriza, en ese orden.
Generalidades
La cubierta debe ejecutarse tan liviana como sea posible. Las cubiertas de tejas o ripias de piedra no son recomendables, por su peso y por el riesgo de que caigan dentro de la vivienda si colapsan. Para el diseño antisísmico se recomiendan cubiertas a cuatro aguas: las cubiertas a dos aguas son más simples pero requieren tímpanos, que —como se vio en el capítulo anterior— no son recomendables si no están bien resueltos. Para espacios de menor luz, una cubierta a una sola agua resulta más económica, pero en ese caso las vigas sobre las que descansan los tijerales deben unirse formando un encadenado inclinado.
Cubiertas aisladas de la estructura de muros
Como durante el sismo la cubierta tiene una frecuencia de movimiento distinta a la de los muros, es recomendable que descanse sobre columnas exentas de la estructura del muro, separadas de él para permitir un movimiento independiente. Las columnas deben estar empotradas en los cimientos y ancladas a la cubierta mediante riostras semirrígidas, con la ductilidad suficiente para absorber ese movimiento diferencial. Minke documenta esta solución con las mismas secciones de Guatemala (1978) y Alhué, Chile (2001) descritas en el capítulo de tapial reforzado — en un caso las columnas quedan dentro del espacio interior, en el otro fuera del volumen de muros.
Vanos para puertas y ventanas
Cada vano es, estructuralmente, un punto menos de muro — estas son las reglas de Minke para que no se convierta en el punto de colapso.
Los vanos para puertas y ventanas debilitan la estabilidad de los muros: durante el sismo se generan grietas diagonales desde sus esquinas, y grietas horizontales sobre los dinteles (ver capítulo de Daños típicos). Los dinteles deben empotrarse al menos 40 cm en la mampostería de adobe para lograr buena traba. Una mejor solución es ejecutar los dinteles de vanos contiguos a un mismo nivel, uniéndolos en un solo elemento continuo — aunque en ese caso la parte superior del dintel queda débil. Esa solución mejora todavía más si el dintel actúa a la vez como encadenado, y si el antepecho bajo la ventana no se ejecuta en mampostería sino con un elemento flexible —planchas de madera o bahareque—, de modo que la ventana cumpla la misma función que la puerta al separar los elementos macizos del muro. La solución óptima para muros de adobe consiste en reforzar los bordes de los vanos con columnas verticales ancladas en la propia mampostería.
Minke fija tres reglas dimensionales concretas:
- Los vanos de ventana no deben tener una longitud mayor a 1,20 m, ni superar 1/3 de la longitud de la fachada.
- La longitud de muro entre vanos, y entre estos y el borde del muro, debe ser de al menos 1/3 de la altura del muro, pero nunca menor a 1 m.
- Las puertas deben abrirse hacia afuera; al lado opuesto de la puerta se recomienda ubicar otra puerta o una ventana que pueda usarse como salida de emergencia.
| Elemento | Regla dimensional (Minke) |
|---|---|
| Ancho de vano (ventana), a | a ≥ h/3 ≥ 100 cm |
| Muro entre vano y borde / entre vanos, b (un vano) | b ≤ c/3 ≤ 120 cm |
| Muro entre dos vanos, b (dos vanos) | b ≤ h/2 ≤ 120 cm |
h = altura del muro; c = longitud total del paño de muro considerado. Tabla adaptada de la fig. 13-5 del manual original de Minke (2001).
Cúpulas
La forma que mejor resiste un sismo por geometría pura — pero solo si la curva es la correcta, no cualquier media naranja.
El problema principal del diseño estructural de una cúpula es transferir sus empujes a la fundación. En el arranque, la fuerza resultante puede descomponerse en una componente vertical y una horizontal: cuanto más inclinada la resultante, menor su componente horizontal. El soporte de la cúpula debe ser un encadenado horizontal —de hormigón armado, acero o madera— arriostrado tanto con la cúpula como con el muro, para evitar que la cúpula se desplace durante el sismo; ese encadenado debe además tener un perfil inclinado hacia el interior que contenga el movimiento de la cúpula en caso de sismo.
Por el gran peso de una cúpula, suele ser necesario estabilizar el muro con contrafuertes. Si la cúpula arranca directamente sobre un sobrecimiento, la estructura resulta más estable; en ese caso el cimiento debe funcionar como encadenado, ejecutado normalmente en hormigón armado, y la resultante de la cúpula debe caer dentro del tercio medio de la superficie del cimiento —es decir, la excentricidad debe ser menor a 1/6 del espesor del cimiento—.
La curva ideal para la sección de una cúpula —la que no produce fuerzas de anillo— se ubica entre las curvas de una parábola, una catenaria y un semicírculo, y fue derivada por Minke mediante un programa de computación. Puede obtenerse con la siguiente tabla de coordenadas, donde r es el radio y h la altura de la cúpula sin contar el sobrecimiento, medida hasta el centro del espesor:
| Nr. | h=0,8r (y) | h=0,8r (x) | h=0,9r (y) | h=0,9r (x) | h=1,0r (y) | h=1,0r (x) | h=1,1r (y) | h=1,1r (x) | h=1,2r (y) | h=1,2r (x) | h=1,3r (y) | h=1,3r (x) | h=1,4r (y) | h=1,4r (x) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 | 0,0000 | 1,0000 |
| 7 | 0,3005 | 0,8827 | 0,3061 | 0,8996 | 0,3123 | 0,9124 | 0,3139 | 0,9237 | 0,3164 | 0,9326 | 0,3195 | 0,9396 | 0,3180 | 0,9462 |
| 14 | 0,6124 | 0,6592 | 0,6402 | 0,6997 | 0,6613 | 0,7507 | 0,6733 | 0,7860 | 0,6827 | 0,8140 | 0,6905 | 0,8364 | 0,6924 | 0,8561 |
| 20 | 0,7680 | 0,3707 | 0,8384 | 0,4485 | 0,8957 | 0,5207 | 0,9369 | 0,5761 | 0,9667 | 0,6470 | 0,9883 | 0,6947 | 0,9998 | 0,7360 |
| 27 | 0,8000 | 0,0000 | 0,8998 | 0,0700 | 0,9974 | 0,1526 | 1,0894 | 0,2404 | 1,1719 | 0,3270 | 1,2415 | 0,4101 | 1,2933 | 0,4915 |
| 32-37 | — (proporciones más altas: la tabla continúa hasta el vértice de la cúpula en cada columna, ver original) | 1,4000 | 0,0000 | |||||||||||
Extracto de la tabla completa de 37 filas (fig. 14-7, Minke 2001) — mantenemos las filas de referencia rápida; la tabla íntegra está en el manual original y en la bibliografía de este documento. Para cada proporción, el manual original también da el ángulo α de arranque, la superficie A y el volumen V de la cúpula.
Sobre los vanos: en una cúpula, ventanas y puertas convencionales desestabilizan la estructura, por lo que hay que diseñar las aberturas en forma de pequeñas bóvedas que intercepten la cúpula y transmitan las fuerzas en compresión hasta los cimientos, en vez de vanos rectangulares simples.
Bóvedas
El hermano alargado de la cúpula — misma lógica de curva y encadenado, con un problema propio en las fachadas de los extremos.
Durante un sismo, las bóvedas tienen una estabilidad menor a la de las cúpulas del capítulo anterior: la viga cadena debe ser muy estable, porque las fuerzas resultantes de la bóveda le generan flexión. Es aconsejable que la planta de las bóvedas sea cuadrada; si el programa exige una planta rectangular, hacen falta tensores o contrafuertes que refuercen la viga cadena. Igual que en las cúpulas, se recomienda que las bóvedas arranquen directamente sobre el sobrecimiento, para una mejor estabilidad ante un sismo.
La sección transversal de una bóveda que trabaja cargada solo por su propio peso debe tener la forma de una catenaria invertida, de modo que solo contenga cargas de compresión. La regla de diseño es la misma que para cúpulas: la resultante de la bóveda debe bajar por el tercio medio de la superficie del cimiento —excentricidad menor o igual a 1/6 del espesor—; el cimiento debe tener un encadenado de hormigón armado capaz de resistir las fuerzas perpendiculares del sismo.
Revoques y pinturas
El último capítulo técnico de Minke — y el que más directamente contradice una costumbre extendida: revocar con cemento.
Los muros de adobe requieren un revoque que puede ser de barro, de cal, o de barro estabilizado con cal, cemento o asfalto (bitumen). Minke es categórico en un punto: no debe aplicarse nunca un revoque de cemento sobre un muro de tierra, porque es frágil y quebradizo, poco flexible, y por eso tiende a fisurarse por las cargas térmicas que expanden y contraen el material, y por impactos mecánicos. Si el agua penetra por esas fisuras, el barro del muro se expande y el revoque de cemento tiende a desprenderse — es decir, el revoque rígido no solo no protege el muro, sino que puede terminar dañándolo más rápido que si no tuviera revoque.
Si se aplica un revoque de barro, es aconsejable estabilizar la superficie final con una lechada de cal o de cal-caseína. Los muros de tapial no requieren revoque estructural: basta alisar la superficie en estado húmedo con una plancha de madera o fieltro, y aplicar después una pintura de cal como protección contra la erosión de la lluvia. Esa pintura debe ser de cal o cal-caseína, aplicada en tres capas — la primera muy aguada, para que la solución penetre 2 a 3 mm dentro del muro.
Fuentes y crédito completo
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Otras fuentes citadas por Minke en el manual original
- Equipo Maíz (ed.). La casa de adobe sismorresistente. El Salvador, 2001.
- Grohmann, M. «Introducción al diseño sismorresistente», en: Laboratorio de Construcción Experimental, Universidad de Kassel (ed.): Viviendas sismoresistentes (informe no publicado). Kassel, Alemania, 1998.
- Laboratorio de Construcción Experimental, Universidad de Kassel (ed.). Viviendas sismoresistentes (informe no publicado). Kassel, Alemania, 1998.
- Houben, H.; Guillaud, H. Earth Contraction Primer. Bruselas, Bélgica, 1984.
- ININVI (Instituto Nacional de Investigación y Normalización de la Vivienda de Perú). Construcciones en adobe.
- Minke, G. Manual de construcción con tierra. Montevideo, Uruguay: Nordan, 2001.
- Pereira, G. H. Habiterra (catálogo de la exposición). Bogotá, Colombia, 1995.
- Sibtain, S. N. To build a village. Parramata, N.S.W., Australia, 1982.
- Tolles, E. L.; Kimbro, E. E. et al. Sismic stabilization of historic adobe structures. Getty Conservation Institute, Los Ángeles, EE.UU., 2000.
- Vorhauer, K. Low Cost / Self Help Housing (Gate Modul 6/6). Eschborn, Alemania, 1979.
- Weinhuber, K. «Building with Interlocking Blocks», en: gtz (ed.) Wall Building, Technical Brief. Eschborn, Alemania, 1995.
- Yazdani, H. Erhöhung der Lebensdauer von Lehmbauten in erdbebengefährdeten Gebieten Afghanistans (tesis de doctorado, no publicada). Universidad de Kassel, Alemania, 1985.
Las figuras del manual original sin fuente mencionada pertenecen al autor, Gernot Minke.
Qué hacemos con esto en Samaná
Este manual reúne el conocimiento — un proyecto real todavía necesita a alguien que lo aplique a un sitio, un suelo y un presupuesto específicos.
Como con el resto de nuestra serie de manuales técnicos, este documento es una referencia, no un cálculo estructural firmado. Sirve para entender por qué falla un muro de tierra en un sismo, qué formas y qué refuerzos lo evitan, y para llegar a una consultoría con las preguntas correctas — pero un terreno real en Samaná, con su pendiente, su suelo, su exposición a huracán y su presupuesto, no lo resuelve ningún manual por sí solo.
Eso es el trabajo que hacemos en Somos Barro RD cuando un proyecto lo necesita: revisión de un anteproyecto a la luz de estos criterios, selección y cálculo de sistema constructivo, detalle de los encuentros críticos que este manual señala —cimiento/sobrecimiento, encadenados, tímpanos, vanos—, y acompañamiento de obra con nuestro equipo local.