Samaná, provincia ecoturística: de la ley al compromiso
La Ley núm. 34-25 declaró a la provincia de Samaná como provincia ecoturística — el Congreso aprobó la declaratoria en mayo de 2025 y el presidente Luis Abinader la promulgó el 3 de junio de 2025.
Esa declaración pone un compromiso concreto sobre todos los que habitamos y construimos acá — sobre todo sobre los proyectos turísticos: villas, ecolodges, hoteles, desarrollos que se presentan como parte de esta nueva etapa de Samaná. Y un compromiso así necesita algo más que buenas intenciones: necesita un método de diseño real, no solo una etiqueta.
Ahí es donde entra la permacultura. No es una filosofía ni una estética — es un sistema de diseño ecológico que da soluciones concretas de captura de agua, generación de energía, filtrado de aguas grises y manejo de residuos, aplicables tanto a una ecovilla turística de treinta cabañas como a la vivienda de una familia en El Limón. Es, literalmente, la herramienta hecha a medida para estar a la altura de lo que la ley pide.
Para entender por qué la permacultura es esa herramienta, hay que entender primero qué es en serio — mucho más que un huerto orgánico.
Permacultura: una herramienta de diseño científico que imita a la naturaleza, incorpora conocimientos ancestrales y acopla tecnologías apropiadas
Es un método de diseño para organizar cómo vivimos, construimos y producimos, copiando los patrones que ya funcionan en un ecosistema natural — y cruzándolos con el conocimiento acumulado durante generaciones y con la tecnología que mejor resuelve cada problema real, sea antigua o de última generación.
El término lo acuñaron Bill Mollison y David Holmgren en Australia, a fines de los años setenta, uniendo "permanent" (permanente) y "agriculture" (agricultura) — y después ampliándolo a "permanent culture", cultura permanente. La idea central no cambió desde entonces: en un bosque nativo nadie riega, nadie fertiliza y nadie saca la basura, y sin embargo el sistema se sostiene y crece hace miles de años. Un buen diseño humano puede imitar esa misma lógica — ciclos cerrados, diversidad, relaciones entre elementos — en vez de imponerle al terreno un modelo que necesita sostén externo permanente (agua de pozo, fertilizante comprado, mantenimiento constante).
Eso es lo que hace que la permacultura sea, además de una práctica, un modelo científico de diseño: observa cómo funciona un sistema vivo, identifica sus patrones, y los aplica a decisiones concretas de arquitectura, agua, energía, alimento y comunidad. No reemplaza el conocimiento técnico — lo organiza con un criterio ecológico.
Esa práctica combina dos fuentes de conocimiento que muchas veces se presentan como opuestas y en realidad se complementan: el conocimiento de pueblos ancestrales que durante generaciones diseñaron su hábitat en relación directa con el clima y el territorio, y la tecnología apropiada moderna — no la tecnología más cara ni más compleja, sino la que resuelve un problema real con el menor impacto y el mayor sentido para ese lugar puntual.
Diseñar como la naturaleza: principios
David Holmgren formalizó doce principios de diseño en Permaculture: Principles & Pathways Beyond Sustainability (2002). No hace falta aplicarlos todos a la vez ni de memoria — sirven como una lista de chequeo antes de tomar una decisión de diseño. Estos son los que más peso tienen a la hora de pensar un terreno o una construcción:
Observar antes de intervenir
Entender el sol, el viento, el agua y la pendiente reales de un terreno antes de dibujar nada — no después.
Capturar y almacenar energía
Agua de lluvia, sombra, viento, materia orgánica: recursos que ya llegan solos al terreno y hoy se dejan escapar.
No generar descarte
Lo que sobra de un proceso (aguas grises, restos de cocina, poda) es materia prima del siguiente.
Integrar en vez de separar
La huerta, el agua, la casa y el gallinero se diseñan en relación, no como piezas sueltas del terreno.
Usar y valorar la diversidad
Un sistema con muchas especies e insumos es más resistente a plagas, sequías y huracanes que un monocultivo.
Diseñar de lo general a lo particular
Primero el patrón completo del terreno (zonas, agua, accesos) — recién después, el detalle de cada construcción.
El resto de los doce principios de Holmgren (obtener un rendimiento, autorregularse y aceptar la retroalimentación, valorar los recursos renovables, usar soluciones lentas y pequeñas, valorar los bordes, y responder creativamente al cambio) siguen la misma lógica: menos control forzado sobre el terreno, más trabajo con lo que el lugar ya ofrece.
Zonificación: un diagnóstico, no un plano en blanco
La mayoría de los terrenos, casas, hoteles y ecovillas de Samaná ya están construidos. La zonificación permacultural no sirve solo para diseñar de cero — sirve, sobre todo, para diagnosticar lo que ya existe: dónde está cada función, qué tan seguido se usa, y si está bien ubicada respecto a lo que necesita.
La lógica es simple: cuanto más seguido visitás o mantenés algo, más cerca debería estar de donde pasás más tiempo — y cuanta más energía (agua, combustible, mano de obra) consume, más cerca debería estar de la fuente que la provee. Recorré tu propiedad con esa pregunta en la mano y vas a encontrar desajustes que llevan años ahí sin que nadie los note.
Zona 0 — El núcleo de uso
La casa, la cocina de un hotel, la recepción de una ecovilla: donde se concentra la mayor actividad y el mayor consumo de agua y energía. Acá rinden más las mejoras de bioconstrucción y eficiencia térmica.
Zona 1 — Lo que se revisa todos los días
Compostera de cocina, tanque de agua de uso diario, paneles solares que hay que limpiar o revisar: tiene que estar a mano, no al fondo del predio.
Zona 2 — Mantenimiento periódico
Huerta o frutales para la cocina del hotel, biodigestor, biofiltro de aguas grises: se revisa cada uno o dos días, no exige atención constante.
Zona 3 — Producción o infraestructura mayor
Cultivo de mayor escala, planta de tratamiento de aguas negras, campo de paneles solares: se revisa semanalmente, con mantenimiento programado.
Zona 4 — Área semi-manejada
Bosque, zona de sombra, senderos para huéspedes: se cosecha o se disfruta, casi no se interviene.
Zona 5 — Reserva sin intervenir
El borde de manglar, monte o costa que protege todo lo anterior — se observa, no se toca. En un hotel o ecovilla, suele ser también el paisaje que vende la experiencia.
Agua y energía solar: lo que el terreno ya te regala
En Samaná el sol y la lluvia sobran casi todo el año — el problema casi nunca es la falta de recurso, es no estar capturando lo que ya está cayendo o brillando sobre el techo. Esto aplica igual si estás por construir que si ya tenés un techo hecho hace diez años.
Lo primero es captar el agua de lluvia en vez de dejarla escurrir. Un techo bien orientado, con canaletas y un desviador de primera lluvia (first-flush diverter) que descarta el agua sucia de los primeros minutos de lluvia — la que lava el polvo y las hojas del techo — antes de mandar el resto limpio a un tanque de almacenamiento. Es exactamente el sistema que diseñamos para Casa Sana, nuestro proyecto en Las Terrenas — y se puede sumar a un techo ya existente sin demoler nada, agregando canaletas y el tanque donde haya espacio.
En terrenos con pendiente, además, sirven las curvas de nivel (swales o zanjas de infiltración): pequeños canales que siguen la curva del terreno y frenan el agua de lluvia el tiempo suficiente para que se infiltre en vez de escurrir y erosionar la ladera — especialmente relevante en El Limón y El Valle, donde el relieve es más marcado que en la costa.
El mismo principio de "capturar lo que ya está ahí" aplica a la energía solar. El problema técnico más común no es si conviene instalar paneles — en esta latitud casi siempre conviene — sino cómo hacerlo bien sobre un techo que ya existe y en una zona de huracanes. La inclinación óptima para captar sol ronda la latitud del lugar (18-19° en República Dominicana), pero el techo antihuracán ideal suele ser más cerrado (cerca de 30°), y el anclaje de los paneles necesita cumplir un estándar probado contra viento — la Notificación de Aceptación de Miami-Dade es la referencia de facto en el Caribe — no cualquier riel comprado sin certificación. Desarrollamos esto en detalle, con tabla de referencia rápida incluida, en el manual de arquitectura bioclimática.
Lo segundo, y casi siempre olvidado, es qué pasa con el agua después de usarla. El agua gris de la cocina, la ducha y el lavado (sin inodoro) se puede tratar con un biofiltro de plantas — un humedal artificial chico, con grava y especies como papiro o platanillo, que limpia el agua de jabón y grasa antes de devolverla al suelo o reusarla en riego. En una provincia que vive del turismo costero y de sus ríos, tratar esa agua en el propio terreno en vez de mandarla cruda al suelo o al mar no es un detalle ecológico — es cuidar la base del negocio de toda la zona.
Composta, biodigestores y aguas negras: cerrar el ciclo completo
Todo lo que en una operación convencional se trata como "residuo" — restos de cocina, aguas negras, poda — en un diseño permacultural es materia prima para devolverle algo al sistema: fertilidad al suelo o energía utilizable.
Una compostera bien manejada (capas de material húmedo tipo restos de cocina, alternadas con material seco tipo hojas secas o aserrín, con aireación y humedad controladas) convierte ese material en meses en tierra fértil — cerrando un ciclo que, en un sistema lineal, sale como basura y entra como fertilizante comprado. Para una casa familiar alcanza con una compostera simple; para un hotel o una ecovilla que genera bastante más volumen de residuo de cocina todos los días, la misma lógica escala a un biodigestor.
Un biodigestor es, en esencia, una compostera sin oxígeno: un tanque o bolsa sellada donde bacterias anaeróbicas descomponen materia orgánica y producen dos cosas útiles — biogás (metano que se puede usar para cocinar o calentar agua) y biol, un fertilizante líquido concentrado. Existen modelos de bolsa flexible relativamente simples, ya probados en fincas del Caribe y Centroamérica, y modelos de tanque para mayor volumen. Es una mejora incremental real: se puede sumar a una cocina que ya funciona sin rediseñar el resto del predio.
En zonas rurales de Samaná sin conexión a red de saneamiento — la mayoría fuera del casco urbano de Las Terrenas — el mismo criterio se extiende al manejo de aguas negras (las del inodoro, no solo las grises). Si la propiedad ya tiene inodoros con descarga de agua — el caso típico de un hotel en funcionamiento, donde no siempre es realista cambiar toda la instalación — hay dos caminos de mejora sobre lo existente: sumar una etapa de humedal artificial de flujo subsuperficial después del tanque séptico, que pule el efluente antes de infiltrarlo, o, donde el volumen lo justifica, dirigir esas aguas a un biodigestor diseñado específicamente para procesarlas junto con el residuo de cocina. Donde todavía no hay inodoros instalados, o se está construyendo de cero, el baño seco o compostero sigue siendo la alternativa más simple: separa sólidos de líquidos y composta los primeros con material carbonado (aserrín, cascarilla de arroz), sin depender de una red de cloacas que en gran parte del territorio no existe.
La bioconstrucción, una pieza del sistema
En este enfoque, construir con tierra no es un capítulo aparte de "materiales alternativos" — es la Zona 0 del diseño permacultural, resuelta con el mismo criterio que el agua o la huerta: usar lo que el terreno ya ofrece.
Un muro de tierra tiene masa térmica: absorbe el calor del día y lo libera de a poco durante la noche, algo especialmente útil en el clima cálido y húmedo de Samaná cuando se combina con buena ventilación cruzada y aleros generosos (arquitectura bioclimática). Se levanta, en la mayoría de los casos, con tierra del propio sitio o de un radio corto — reduciendo el transporte de materiales, que es una de las partidas de huella de carbono más altas de cualquier obra convencional.
Esto conecta directo con nuestros propios manuales técnicos: antes de elegir una técnica (adobe, quincha, tapial), lo primero es saber si la tierra del terreno sirve — de eso trata el Manual de Análisis y Prueba de Tierra. Recién después viene la técnica constructiva, en el manual para autoconstructores o en el manual de arquitectura bioclimática.
La permacultura también diseña comunidad
Todo lo anterior — zonificación, agua, composta, bioconstrucción — resuelve el espacio físico. Pero la permacultura se sostiene en tres principios éticos, no dos: cuidado de la Tierra, cuidado de la Gente y reparto justo. Los últimos dos son sobre cómo nos organizamos entre personas, no sobre qué construimos.
Cuidado de la Tierra
El suelo, el agua y la biodiversidad — todo lo que desarrollamos en las secciones anteriores.
Cuidado de la Gente
Que las personas tengan acceso a lo que necesitan para vivir bien: vivienda digna, alimento, agua, y vínculos reales con quienes los rodean.
Reparto justo
Poner límite al consumo propio y redistribuir lo que sobra — de semillas a herramientas, de conocimiento a excedente de cosecha.
Recrear los lazos comunitarios es parte del diseño, no un efecto secundario simpático. Ya escribimos sobre esto a propósito del convite dominicano: la costumbre de convocar a vecinos y familia para una tarea que sería difícil encarar solo, a cambio de comida y el compromiso de devolver el favor cuando toque. Nosotros construimos así: Rancho Coa se levantó con la ayuda de amigos, familia y compañeros de Casa Dominicana en varias jornadas de minga, y seguimos dando talleres de bioconstrucción y permacultura en familia — con nuestro hijo Coa — desde hace más de diez años en Permachacra.
Ese mismo criterio se extiende a cómo circulan los recursos entre vecinos: bancos de semillas compartidos, intercambio de plantines y esquejes, préstamo de herramientas que nadie necesita usar todos los días, compra conjunta de materiales caros o escasos — arena, cal, cemento para fundaciones — para bajar el costo por familia. Es la misma lógica que ya plantea el Manual de Análisis de Tierra: cuando un material hay que comprarlo y sale caro, resolverlo en grupo cambia la ecuación.
Y esto no es solo un gesto solidario — es la base de la resiliencia real. Una comunidad con vínculos fuertes, que ya sabe organizarse para trabajar junta, se recupera más rápido después de un huracán que un conjunto de casas aisladas esperando ayuda externa. En una provincia expuesta a ciclones como Samaná, esa capacidad de organización vale tanto como cualquier techo bien anclado.
Una visión holística para tu terreno
No hace falta implementar las seis zonas, un biofiltro y una compostera el mismo mes. Por dónde empezar depende de dónde estás parado hoy.
Ya tenés terreno o casa
Empezá por observar: dónde va el agua de lluvia hoy, dónde tira sombra el sol en cada estación, qué genera más residuo o consume más agua en tu rutina diaria. Con ese diagnóstico ya podés priorizar — un desviador de primera lluvia, una compostera, o el primer panel solar — y sumar el resto con el tiempo, no todo junto.
Diseñás para otros
Incorporar el diagnóstico de zonificación, agua y energía solar desde el anteproyecto — o desde el primer relevamiento, si es una remodelación — cuesta lo mismo que no hacerlo, y evita rediseñar infraestructura después de que la obra ya está en marcha.
Nuevo, o ya en marcha
Ya sea un hotel o ecovilla que estás por construir o uno que ya recibe huéspedes, el enfoque rinde igual: capturar tu propia agua, sumar generación solar y tratar tus propias aguas grises y negras te vuelve menos dependiente de un pozo compartido o de una red municipal que puede no estar preparada para la demanda de temporada alta — y cada mejora se puede sumar de a una, sin parar la operación.
¿Estás por diseñar un terreno o un proyecto en Samaná — o por mejorar uno que ya tenés funcionando?
Zonificación, captura de agua, energía solar, composta, biodigestores y bioconstrucción — los integramos desde el anteproyecto o los sumamos de a uno sobre lo que ya existe. Escribinos y lo vemos juntos.